Resurrection Fest X – Primer Día

Resurrection Fest X

Gemelos cargados, gargantas rotas, ojos nublosos, piernas polvorientas y aunque con cierta sensación de felicidad, caras que retratan un sentimiento agridulce por el hecho de haber vivido una de las experiencias de sus vidas y el tener que despedirse un año más. Así fue el final de una de las más exitosas ediciones del festival gallego. Los antecedentes son claros: leyendas del metal entregadísimas, grupos desconocidos comiéndose el mundo, litros de cerveza volando por los aires, pogos amigables, pogos de cheerleaders, vikingos, super saians, sangre, sudor, hadas y hasta un par de bananas humanas. ¿Qué locura verdad? Pues no, así es la rutina de una jornada normal en el Resurrection Fest.

El jueves 16 no fue nuestro primer encuentro con Viveiro/Celeiro. Ya veníamos con resaca por las brillantes actuaciones que nos brindaron The Decline, Pro-Pain y los siempre míticos Biohazard. Sí que perdimos la virginidad en cuanto a ver el recinto completo, un campo de batalla que prometía poder ser el final de nuestra existencia. Entre las ardientes camisetas negras, los buses y caravanas de comida rápida y los improvisados escenarios deportivos, nos adentramos a nuestra primera aventura dentro del Main Stage: Heart Of A Coward. Se mostraron con una frescura digna, algo difícil de hacer teniendo en cuenta que el sol podía habernos derretido a todos en cualquier momento. El setlist lo conformaron los hits que abundan su primer LP, que sorprendentemente arrastró a más de uno a sacrificar la hora de la siesta por ver su flamante actuación. Tras la cercanía recibida, finalizaron encantados su primer encuentro con tierras españolas, no obstante, pudimos verles en más de una ocasión simpatizando con sus fans a lo largo del festival.

Heart Of A Coward

Apenas nos movimos de este escenario en el que cuarenta minutos más tarde aterrizaron Devil Sold His Soul. No nos esperábamos el concierto de nuestras vidas, por lo que poco tenían que hacer para captar nuestra atención. Inicialmente lo consiguieron, sin excesos, pero los gritos acaramelados de su vocalista y su fórmula repetitiva nos acabaron haciendo volar hasta la carpa, A.K.A. Ritual Stage. Mero aburrimiento. Allí no tardaron en recibirnos el cuarteto de emo/hxc Defeater. Preparen los pañuelos. La atención que cada vez más están recibiendo en cuanto a público no es del todo desmerecida, aunque tras trillarnos sus discos y ponernos los pelos de punta con más de un himno, en directo perdieron parte de su grandilocuencia. A cambio ganaron más potencia y un entregadísimo público que conseguía flotar al ritmo de sus melodías. Aunque su directo diste mucho de sus obras, siguieron provocándonos una enorme sensación de satisfacción emocional. Al final sí que tuvimos que usar el pañuelo, no os voy a decir para qué.

Devil Sold His Soul

Soulfly era una de las bandas que más ilusión me hacía ver en la jornada del jueves. No era mi primera vez, pero con ellos siempre apetece repetir. Cavalera & Co, -pues ya no queda rastro del Soulfly de antaño-, demostró que no son un grupo al que le hayan sentado muy bien los años. Quizá por eso Max decidió meter a sus dos hijos como miembros en directo. Un error por su parte, pues a pesar de que no lo hicieron mal, se sigue notando la actitud de acojone al ver a tanta gente chillándoles a la cara. El set lo compusieron clásicos de todo tipo, tanto de los primeros discos de Soulfly, como himnos de Sepultura –Refuse/Resist por dios- e incluso su nuevo single We Sold Our Souls To Metal bastante coreada para haber salido un par de días atrás, lo cual demuestra que el interés hacía la banda sigue en auge. Ojalá se pudiese decir lo mismo de su sonido, demasiado pobre. Los fans por su parte supieron responder al unísono del “un, doh, treh, cuah” y levantaron el polvo esperado para una leyenda de tal envergadura. Cavalera, en cuasi perfecto castellano, nos hacía repetir interminables coros. Terminó de arrasar con Back To The Primitive, Roots, Bloody Roots y un medley de Jumpdafuckup / Eye For An Eye. A pesar de todo, su experiencia en los escenarios le sigue dando la ventaja de saber cómo meterse al público en el bolsillo.

Suicide Silence tomaban el relevo en nuestra primera cita con el Chaos Stage. Tras el trágico accidente de Mitch Lucker, la banda decidió continuar con Hernán Hermida como frontman. Poco se pudo objetar al sonido que desprendieron, más bien todo lo contrario, hasta el más escéptico pudo disfrutar de su show. Hubo momentos para el recuerdo como la primera aparición de los Resu Kids y la confesión por parte de Hermida de tener raíces gallegas.

Suicide Silence

Nada más acabar nos fuimos con cuaderno y boli a ver algo digno de estudio: Refused. Los suecos aparecieron con una elegante puesta en escena, que a los dos segundos desembocó en la más temible fiesta post-hardcoreta jamás vista hasta entonces. Y eso que quizá empezar con 366 no fue la decisión más acertada. Más lo fue continuar con Rather Be Dead, Summerholiday vs Punkroutine o el hit de su último disco Françafrique. Dennis Lyxzén demostró –aparte de su irreprochable maestría con las cuerdas vocales- una habilidad idílica para avivar el espectáculo a cada momento. Bailes, acrobacias con el micro, saltos e incluso un par de stage dives. Se quejó de que la mayoría de artistas en el backstage eran hombres, lo hizo a ritmo de Destroy The Man y pusieron la guinda al pastel con Elektra y una desenfrenada –tanto en el escenario como en la pista- New Noise. Quizá era de esperar que la fiesta con este grupo estuviese servida, pero aun así sorprendieron con una de las mejores actuaciones jamás vistas en Viveiro. Eso sí, han vuelto por dinero, que no se nos olvide a nadie. Probablemente al resto del cartel les pagaron en pesos cubanos.

Refused

Comeback Kid se echaban la carpa a sus espaldas como peces en el agua. Su segunda actuación en el Resurrection Fest ya les ha coronado como una de las bandas más queridas entre el público del festival. Si acaso la duda del “por qué” asalta tu cabeza, es que entonces no has tenido el placer de verles en directo. De un lado para otro, de arriba hacia abajo y desafiando en todo momento la capacidad pulmonar de todo aquel enamorado de la fórmula de los canadienses. Así corrían Do Yourself A Favor, Partners In Crime, G.M. Vincent And I o Broadcasting. Vacilaron de vez en cuando con Wake The Dead hasta que sumieron el Ritual Stage en un auténtico caos desencadenando su tema más alabado. Momento inmortal donde los haya.

Comeback Kid

Black Label Society salían a escena con su característico groove rock & roll y unas melenas dignas de chica Pantene. Zakk Wylde dio razones suficientes para demostrar que su título de mejor guitarrista del género no es casualidad. Un solo de casi 2 minutos de duración lo dejó tan claro que incluso llegó a arrancar más de un bostezo. Demasiada técnica. De todas formas aprobaron.

Black Label Society

Gama Bomb no lo tenían nada fácil compitiendo con Cannibal Corpse. Desenfundaron un thrash metal de la vieja escuela con ese toque humorístico que tanto se echa en falta en un género como este. Nos arrancaron unas cuantas sonrisas, moshes y circle pits mientras esperábamos a Berri Txarrak. Los navarros prometían un set especial dedicado a sus veinte años como banda –el doble que el festival, en palabras del propio Gorka-. Lo primero que afrontamos con su salida, fueron las impactantes interpretaciones de Alegia y Ordaina, incluidas ambas en su último disco triple Denbora Da Poligrafo Bakarra. Un sonido muy superior al que habíamos vivido con los anteriores cabezas de cartel denotó que el experimentado power-trío no se lo toma nada a broma. La actitud fue de diez, no pararon ni por un momento –a excepción de una breve y graciosa performance en la que se quedaron como muñecos de cera-. Establecieron el esukera como lengua oficial del recinto gracias a Denak Ez Du Balio, Bueltatzen o la quebranta cuellos Kezkak. Debido quizá a un tiempo limitado, no pudieron tocar en su integridad temas como Jaio.Musika.Hil, Stereo o Dortoken Mendean, optando entonces por hacer un medley de todas ellas. El momento de la noche -y probablemente de todo el jueves-, llegó cuando David nos obligó a todos a agacharnos durante un breve periodo de tiempo. Acto seguido retumbó el riff inicial de Ikasten… la locura estuvo servida hasta que terminaron con Oihu. Algunos acabamos el concierto arrodillándonos ante ellos. Eso sí que es celebrar veinte años, chapó.

Berri Txarrak

No podíamos con nuestras almas, así que nos despedimos del primer día con el post-rock de Toundra de fondo y reservando plaza en el mejor fisioterapeuta de todo Galicia. Resurrection Fest, lo has vuelto a hacer… y aún quedan dos días de ritual. Volvimos a casa pensando en nuestro epitafio.

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