Resurrection Fest X – Segundo Día

Resurrection Fest X - Segundo Día

El ibuprofenos no es una opción. Hemos venido a un festival de hardcore, aguantaremos a base de cerveza, pogos y comida en dudoso estado. Con optimismo volvíamos a afrontar nuestra estancia en Viveiro. Nuestros huesos igual no tanto.

De primer plato teníamos a Get Dead partiéndose el pecho a primerísima hora de la tarde. Los de Fat Wreck rendían tributo al mejor folk/punk –esta vez en eléctrico- delante de unas escasas 30 personas en el Main Stage. Para algunos quizá se les quedó grande, otros sin embargo pensamos que ni el más inmenso escenario de Woodstock puede soportar semejante grandeza. Hicimos una visita a Expire, que a pesar de aportar poco o nada a nuestra experiencia en el festival, nos hicieron disfrutar de la más de media hora que quedaba para ver a Foresta en acción.

Get Dead

Iron Reagan no se anduvieron con chiquitas: “Tenemos 40 minutos, así que vamos a tocar unas veinte canciones, ¿os parece?”. Tras I Won’t Go atravesaron como una bala el escenario gracias a los hits express de su Tiranny Of Will o de anteriores trabajos como Worse Than Dead. El circle pit de la tarde se lo llevó la indudable ganadora Miserable Failure. Aunque se esperaba algo más por parte de Tony, cumplieron sobradamente en actitud y tecnicidad –exculpando los problemas iniciales con el micro-. La coreada Four More Years y Eat Shit And Live cerraron de forma notable el setlist de los de Virginia.

En la carpa Death By Stereo, una de las mayores leyendas del skatepunk técnico, venía con ganas de hacer saltar las alarmas en su segundo paso por el Resurrection Fest. Ya de primeras, Eff, -vocalista/fundador-, se acercó al escaso público que rondaba las primeras filas y compartió con ellos uno de los momentos más adrenalíticos y memorables de toda la jornada. De un lado para otro en la pista, interactuando con fans y fotógrafos, soltó perlas como Holding 60 Dollars On A Burning Bridge, Growing Numb o The Plague. Un clímax idóneo, de los más atrevidos y carismáticos que presenció el Ritual Stage. Lástima que con tan poco tiempo se tuviesen que dejar tanto en el tintero. No faltó, eso sí, Raining Blood de Slayer, algo ya típico en sus actuaciones.

Death By Stereo

Kadavar aguardaban con su stoner “Black Sabbath” en el escenario principal, donde ya se empezaba a reunir una interesante cantidad de gente. Dieron lo que se esperaba de ellos, un show entretenido y potente sin edulcorantes añadidos. Just rock and roll. Un par de temas de Toxic Holocaust fueron suficientes para hacernos saber que la mala baba de sus discos pierde sonoridad en directo. Digamos que entre su mezcla de thrash y death metal, acaba ganando la parte más thrasher. Algo que al fin y al cabo, muchos agradecimos.

Backyard Babies por su parte resucitaron la actitud con una potente puesta en escena donde no dejaron títere con cabeza. Su fórmula glam/punk se hizo pegadiza incluso en los menos aficionados al estilo del conjunto. Pose rockstar, riffs simples, sing alongs… un espectáculo de manual, pero efectivo en su totalidad. Para cuando terminaron, D.R.I. ya estaba dando guerra en el Chaos Stage. Su presentación dejó claro quiénes eran –Who Am I?– los padres del crossover thrash. Merecidas leyendas por tracks tan instantáneos como los que retumbaron sin descanso en Viveiro: Commuter Man, Snap, Id Rather Be Sleeping, Mad Man… si creías que con Iron Reagan los habías visto todo, Dirty Rotten pusieron la última baza sobre la mesa, estableciendo el “porqué” han influenciado a más de la mitad del cartel del Resurrection Fest.

Backyard Babies

A pesar de no haber perdido en su “rad attitude”, los años han hecho ya muchos estragos en ellos. Nada que no esperásemos. Para 20 minutos que nos quedaban de Deez Nuts preferimos coger buen sitio en el Main Stage. Se notaba que el bombazo estaba a punto de eclosionar… “Hello… We’re Motörhead, and we play Rock ‘N’ Roll”. Llenazo absoluto ante una desafortunada intro con We’re Motörhead que enseguida retomó con mejor salud Damage Case. 69 años y una desenfrenada carrera en el mundo del rock… lo raro es que Lemmy aún siga en pie. Pero así lo hace y con la misma garra de siempre. Inmóvil ante su micro nos deleitaba con hits como Stay Clean, Over The Top, Metropolis o Lost Woman Blues. Tanto Phil Campbell a las seis cuerdas como Mikkey Dee a las baquetas fueron los que realmente se echaron el show encima, obviamente -y desmerecidamente- en la sombra. Todos los ojos estaban puestos en el frontman. Hasta que Doctor Rock aterrizó y con ella un espectacular solo de batería. Entre baquetas al vuelo, volvieron Phil y Lemmy para ir cerrando con clásicos tan celebrados como Going To Brazil o Just Cos You Got The Power. Sin previo aviso llegó Ace Of Spades y tras ella el momento culmen de la actuación: Overkill. Un set algo mediocre y por momentos estático, hicieron de esta eminencia del rock and roll un concierto disfrutable, sí, pero no a la altura de lo esperado.

Motörhead

Cambiando el chip nos teletransportamos hacia la carpa donde 7 Seconds nos esperaban con una rejuvenecida imagen. Va a ser verdad eso de Young Til I Die, pues tanto Kevin Seconds, como el resto de la formación, repasaron su discografía de una manera bastante carismática y efectiva. En la pista no paraban de volar los asistentes que impregnaban en nuestras retinas momentos tan memorables como la recepción de Still Believe o The Crew entre muchas otras. Hubo tiempo para su nuevo disco con Exceptional o una emotiva Leave A Light On. A la hora de dejarse la garganta fue la cover de Sham 69 la que se llevó la palma con If The Kids Are United o como no, Young Til I Die. ’99 Red Ballons y Walk Together, Rock Together pusieron fin a uno de los caballos ganadores de la noche del viernes.

Nos tomamos un descanso deambulando por los puestos de comida y ojeando lo que Children Of Bodom ofrecía en el escenario grande. Poca cosa. Terror aparecieron en escena cargando con la duda de si el show podía continuar sin Scott Vogel, su vocalista, el cual no pudo asistir por motivos de salud. En su lugar encontramos al bajista David Woods. Salieron tan convencidos y motivados con nuevos temas como The 25th Hour o No Time For Fools que su espíritu fue tremendamente contagioso. Stick Tight, Return To Strenght o violentas y veloces composiciones como One With The Underdog cuajaron entre saltos, circle pits y olas de crowdsurfings que no paraban de avivar la llama. El incondicional segurata de la crew tampoco falló asumiendo la labor de frontman en Keep Your Mouth Shut, todo un espectáculo que no por repetido deja de ser impresionante. Se terminaron coronando con su fiel himno Keepers Of The Faith, inmensamente alabada por el recinto en su totalidad. Con o sin Scott, Terror sigue siendo sinónimo de pasión y saber hacer. Y que así siga por mucho tiempo.

Terror

No somos incondicionales de In Flames, no obstante pudimos observar varios minutos de su actuación, y aunque su death metal melódico haya mutado en una radio-fórmula metalera, rescatamos algún que otro momento como esa Take This Life con varios miembros del público al micro. Después de varios intentos ya no confiamos en The Exploited, entre eso y que ya nos empezaban a temblar las piernas, decidimos largarnos antes de que todo acabase en llamas. La actitud de grupos y asistentes fue sin duda digna de los mejores campos de batalla, por lo que nos iba a costar superar el dolor muscular para poder afrentar el tercer y último día de festival como se merece.

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