Crónica: Coheed and Cambria en Madrid

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Parece mentira que hayan pasado ya dos décadas desde que se escuchó por primera vez el nombre de Coheed And Cambria. Probablemente el primero en hacerlo fuera un amigo cercano de la banda o incluso algún familiar, pero hoy en día no son pocos los que no se conforman solo con saberlo, sino que lo defienden a muerte como una marca de calidad. Y lo es. Te gusten más o menos, lo es.

De antesala veíamos un target de público diferente al que nos esperábamos. Es lo que te esperas cuando empiezas a escuchar Coheed con 15 años y todos los fans que por aquel entonces conocías, compartían edad contigo. Pero no han renovado fans, siguen los de siempre, nadie parece haberse apuntado a este carro sin frenos.

Virgen se enfrentaron a la ardua tarea de abrir un show de este calibre y nosotros teníamos muchas ganas de ver cómo lo afrontaban más aún cuando recordamos aquel increíble disco que fue Primera Vez del que han pasado ya 10 años. En su actuación se notó muchísimo corazón pero no terminó de salir demasiado bien. Por un lado la diferencia entre su hora de actuación y la de Coheed and Cambria hizo que hubiera muy poca gente a su salida al escenario. Por otro lado, el ritmo fue inconstante. Regalos de cumpleaños al batería, entrañable pero que frenaba por completo las pulsaciones que iban consiguiendo mientras interpretaban canciones de Polsaguera,  e incorporaciones no esperadas fueron las culpables de esto. De unos teloneros se espera una carta de presentación breve pero intensa y en esos términos no lo llegaron a conseguir, por desgracia, resultado de querer hacer demasiadas cosas en poco tiempo.

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Una de las cosas bonitas que te puede pasar en esto de la música es cuando vas a un concierto y los teloneros no solo te sorprenden, sino que dejan con ganas de más. Avida Dollars, para ser más concretos, fueron los responsables de esa sensación. Ofrecieron un repertorio potente, muy equilibrado, sin pausas y con un Pablo Franco soberbio a la voz mientras interpretaban canciones tanto de su último Ep Catarsis, como de sus dos discos Esencia y Paramnesia. Estar viendo a un grupo sonando como si fuesen el grupo principal y encima recordando por momentos a Thrice hizo que apuntásemos su nombre y los subrayásemos en rojo para futuras ocasiones.

 

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Llegaba el momento de ver a Coheed en acción. Y para nada desentonaron con la actuación anterior. Las primeras pinceladas de sus nuevos temas consiguieron arrancar al público madrileño más de una sonrisa y dolor de cuello. Y es que The Color Before The Sun sigue recordándonos porque amamos este conjunto en nuestra tierna adolescencia. Buenas melodías, riffs agresivos y el hijo de Hagrid machacando una guitarra de doble mástil con los dientes. Todo lo que se puede pedir de un gran concierto de estadio. Y la verdad que así siguieron sonando durante toda su actuación, como si del Wembley Arena se tratase. Repasaron desde sus más inexpertos primeros temas como Devil In Jersey o 33 hasta sus himnos más progresivos con World Of Lines. Gracias a Dios la sala But -como viene siendo habitual- desempolvó un sonido inmejorable.

Si hay que hacer hincapíe en algún fallo -sin importancia- es el de tener un setlist tan reciclado de otras actuaciones, innovando más bien poco. Nada más terminar la brillante In Keeping Secrets of Silent Earth: 3 ya se podía intuir el encore. Una pausa que apenas duró 2 minutos. Salieron de nuevo para terminar de reventar la sala con sus dos clásicos indiscutibles: Ten Speed (Of God’s Blood and Burial) y la coreadísima Welcome Home. Una forma bastante épica de abandonar el escenario, sin duda alguna.

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En sensaciones generales salimos con bastante buen recuerdo, salvando puntualidades prácticamente inevitables. Volvimos al pasado, nos dejamos la garganta, y reactivamos la economía española a base de minis de cerveza. Así se empieza un viernes de verdad.

¿Que qué más se puede pedir? Quizá una plancha para el pelo, de esta forma ahorraríamos metros cuadrados del pelo de Claudio y podríamos añadir un teclista como valor añadido.

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