Crónica Parkway Drive en Madrid

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Juventud divino tesoro. Tesoro que hizo sacrificar la siesta a unos cuantos. O eso me quisieron explicar: “¿Qué por qué empieza esto a las 18:30? Para que puedan entrar menores”. Interesante reflexión. Para mí era mucho más adrenalítico burlar los estrictos controles de seguridad con el DNI de un conocido, peinándote como en su foto o aprendiéndote de memoria hasta la fecha de validez del carnet. No obstante esto es un paso adelante – y ha tardado demasiado en llegar-, recibamoslo con los brazos abiertos y sacrifiquemos vírgenes porque así persista.

A la hora de la merienda empezaba Thy Art Is Murder. El quinteto de deathcore contaban con muchos inconvenientes, entre ellos el integrar a un nuevo miembro de la formación como es su vocalista. Ni esto ni su temprana aparición apagó la llama de sus incondicionales, que no dudaron en saltar, volar, gritar y hacer el ninja delante de los australianos. El problema llega cuando un ignorante como yo no distingue el final de una canción y el principio de otra. Por suerte pararon un par de veces para dar las gracias al entregado público madrileño. Fue ahí cuando pude ubicarme. Sin pena ni gloria. Tras su actuación pude escuchar un par de “estos tíos son los únicos que merecen la pena de esta noche” entre un amable grupo de melenudos con torso descubierto. Yo discrepo, pero para gustos…

Tras ellos los únicos arquitectos con trabajo fijo en plena crisis inmobiliaria. Salvaron de mil bostezos el sector del público donde me ubicaba. Sector con una amplia fluencia de padres aburridos, acompañando a su hijo de catorce años a ver a sus ídolos, todo sea dicho. Las caras eran un cuadro. Sam Carter cambió la violencia por la melodía y dio mucha vida a las tablas con un público igual de entregado que en la primera actuación. A diferencia de que aquí se pudo escuchar algún “sing along”, mientras bonitos samplers adornaban una carismática puesta en escena. La elección de los temas fue de todo menos elaborada. 8 temas de su último disco y uno para los de la vieja escuela. Teniendo en cuenta que tienen 6 largos donde elegir, pecaron de una selección demasiado uniforme. Pero el regusto fue bastante bueno y eso es lo que cuenta: un show a la altura.

Para cuando Parkway Drive salieron a escena, la sala ya estaba a reventar. Y por mucho que hiciese 7 grados fuera, la San Miguel era una olla en ebullición. Lanzaron arcoiris, gominolas, unicornios y confetti de colorines al inicio de ‘Destroyer’. Estos tampoco tuvieron problema en llenar la actuación de sus más recientes temas (‘IRE’). Y se nota que este quinto LP es un paso adelante en cuanto al sonido de la banda, para mejor, pero también arriesgado en cuanto al target dirigido. ‘Dying To Believe’, por ejemplo, le cortó el rollo a más de un fan oldschool, mientras que le puso las pilas a los seguidores más recientes -y casuales-. Todos se pusieron de acuerdo en corear hits como ‘Carrion’, ‘Karma’ o ‘Deliver Me’. Tracks que establecen a Parkway como la boyband metalera por excelencia. Pero eso nos gusta, suenan diferentes y frescos en un género con exceso de monotonía.

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Ya sea en el ‘Romance Is Dead’ de sus primeras macarradas o en ‘Vice Grip’ con sus coqueteos con el metal clásico, los surferos estuvieron brillantes y explosivos, casi tanto como el rubio teñido de Winston. Frontman que no desentonó -ni por voz ni por carisma- en ningún momento. Tras la nu-metalera ‘Crushed’ no podía fallar un cierre donde hasta el más hater dañó sus cuerdas vocales, ‘Home Is For The Heartless’. Suficiente caña para que durmamos como angelitos durante semanas. Quizá lo peor fue tener que escuchar esa clase de comentarios que rezan: “Parkway Drive son unos vendidos, yo les ví antes de que se formaran, tocando para mi y dos colegas en el garage de mi prima. Ahora son basura”, pero forma parte de la testosterona hater adolescente que cree que la esencia de la música se basa en ir a conciertos underground. Esta clase de comentarios solo denota que los australianos lo están haciendo bien, tienen el mundo en sus manos y están listos para arrasar en cualquier obstaculo que se les ponga por delante. Puros derriba-estadios. Long live.

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